Te ayudamos a optimizar los procesos productivos de tu restaurante

Por La Menorquina on 9 de diciembre, 2016

El funcionamiento de un restaurante es ciertamente complejo, interviniendo en el mismo una serie de procesos productivos diferentes, pero al mismo tiempo interrelacionados. De ahí que la comunicación fluida de estas distintas fases sea una de las claves para el óptimo funcionamiento del negocio.

procesos productivos

 

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Las distintas etapas del trabajo en un restaurante

No es sencillo esquematizar las fases o procesos existentes en un negocio de restauración. De cualquier modo, haciendo un esfuerzo sintético y de composición podemos diferenciar 3 grandes etapas:

  1. El proceso de pre-producción. Esta etapa incluye todas las actividades previas a la preparación y cocinado de los alimentos, como sería la compra de los alimentos y bebidas y su recepción y almacenamiento en el lugar y de la manera adeucada para permitir una óptima conservación.
  2. La producción. Fase de preparación y cocción de los diversos platos y bebidas ofertados en el restaurante.
  3. El servicio. Una vez elaborado el producto, éste debe ser servido de la mejor forma y en las mejores condiciones posibles a los clientes.

Claves para mejorar los procesos 

Ahora que hemos dividido, de una forma muy genérica, los distintos procesos de producción de nuestro negocio de hostelería, debemos intentar que todos ellos funcionen de la mejor manera posible y que las distintas acciones de trabajo y las funciones de los empleados tengan lugar de forma alineada y harmónica.

Estos son nuestros 5 consejos para lograrlo:

  1. Identificar muy bien las tareas que configuran cada uno de los procesos. Para poder optimizar el circuito es fundamental tener una correcta visión del proceso: qué tareas comprende y quién las realiza, costes que generan, infraestructuras técnicas y logísticas necesarias, herramientas a utilizar o tiempos de trabajos dedicados a cada tarea.
  2. Análisis crítico de las distintas funciones. Debemos entrar al detalle en las distintas funciones distinguiendo las verdaderamente importantes, y que por lo tanto merecen todo nuestro esfuerzo, de las superfluas y de las que deberían, incluso, eliminarse por no aportar ningún valor agregado.
  3. Identificar errores y áreas de mejora. Con las funciones perfectamente identificadas y analizadas, llega el momento de identificar todos aquellos aspectos a mejorar, utilizando para ello indicadores objetivos como las quejas y reclamaciones de los clientes o los problemas de rentabilidad.
  4. Decidir y poner en marcha acciones de mejora. Alinear cada error detectado con la acción o acciones necesarias para optimizarlo y marcar plazos concretos y objetivos a lograr. Por ejemplo, podemos intensificar la formación de la plantilla, reelaborar los menús o mejorar la comunicación entre los agentes implicados en las diversas fases productivas.
  5. Hacer benchmarking. Por último, una buena práctica es comparar y recopilar todo tipo de información sobre las formas de trabajar nuestros competidores para comprobar si, adaptándolas a nuestro propio negocio, podemos incorporarlas para conseguir mejoras.

Por último, queremos señalar que los consejos anteriormente señalados suelen lograr un mayor grado de éxito cuando para su aplicación se utilizan las nuevas tecnologías: acciones de marketing 2.0, maquinaria de última generación o softwares de gestión integral.

 

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