Moldes para tartas: principales funciones, modelos, formas y materiales

Por La Menorquina on 5 de abril, 2016

A la hora de elaborar bizcochos, magdalenas o cualquier otro producto de repostería es tan importante la materia prima utilizada o el tiempo de cocción como elegir el molde más apropiado. La primera característica que debemos tener en cuenta a la hora de escoger un molde de repostería es el material con el que está fabricado, puesto que va a condicionar la reacción, por el ejemplo el tiempo de cocción, de los distintos ingredientes que utilicemos.

moldes_para_tartas.jpg

Clica aquí para recibir la visita de un asesor comercial  y aumentar la rentabilidad de tu restaurante

 

Tipos de materiales

Como norma general, son preferibles los moldes de repostería o de metal sin brillo, debido a que permite una cocción más rápida de la masa que los de superficie brillante, reduciendo el tiempo de horneado hasta en un 20%.

Siguiendo con el tema de la rapidez de cocción, también debemos considerar que cuanto mayor superficie tenga la pared del molde y menos masa, más rápida y de mayor calidad será la cocción. Este tipo de forma de los moldes es ideal para fabricar pasteles como el brownie, puesto que se consigue que la parte externa del bizcocho resulte ligeramente crujiente y más dulce.

Actualmente se han hecho muy populares los moldes de silicona por sus indudables ventajas como mayor flexibilidad, antiadherencia y facilidad de limpieza. En general, siempre que se trate de una silicona de calidad, la transmisión de calor de estos moldes suele ser uniforme, rápida y soportan bien las altas temperaturas del horno.

 

Tamaños y formas

Hoy en día es posible escoger la forma de molde que queramos, desde la típicas formas geométricas básicas, hasta moldes con formas de estrellas, animales o personajes de dibujos animados.

Al margen de la forma, a la hora de elegir un tamaño concreto para cada receta concreta que queramos preparar en el horno es importante tener muy en cuenta, por supuesto la cantidad o volumen de masa que vamos a hornear, pero también su capacidad de expansión. De esta forma evitaremos que un bizcocho o unas magdalenas acaben sobrepasando el molde. 

En este asunto, existe una regla de oro que siempre resulta: debemos escoger un molde con una capacidad de, aproximadamente, el doble de la masa inicial antes del horneado.

 

La importancia de la equivalencia

La repostería es, seguramente, la parte de la cocina donde la exactitud es más importante. Para que la receta salga bien es imprescindible hacer un cálculo exacto tanto del peso de los ingredientes, como de la temperatura de cocción y también la forma y volumen de los moldes.

Un ejemplo gráfico suficientemente representativo de lo que queremos decir es que, si por ejemplo, tratamos de elaborar la receta de un bizcocho calculada para un molde redondo, si finalmente la ponemos en práctica en uno cuadrado el resultado no va a ser el mismo, hasta es posible acabe siendo un desastre prácticamente incomestible. Y esto puede ocurrir aunque el diámetro de ambos moldes sean parecidos.

Esta desagradable experiencia ocurre porque la masa seguramente no responderá igual en un molde cuadrado que redondo, porque el primero tiene mayor capacidad y, en consecuencia, la masa estará más esparcida y el calor no se recibirá del mismo modo

Por suerte, para la solución de este problema existe una regla de equivalencia que, aunque aproximada, es muy válida y acertada: se calcula que un molde cuadrado tiene alrededor de un 25% más de capacidad que un molde redondo. Eso sí, siempre que ambos moldes tengan la misma profundidad.

 

Post relacionados:

New Call-to-action

Volver a la home